Todos conocemos la escena: un golpe al salir de la plaza, y quien lo provoca quiere hacer lo correcto. Pero el camino correcto le cuesta media mañana. ¿Esperar a que vuelva el propietario, sin saber cuánto? ¿Llamar a la policía, prestar declaración, rellenar formularios? Tiene una cita, no aparece nadie, y con cada minuto gana peso la decisión cómoda: arrancar y seguir. No por mala fe — porque ser honesto cuesta dos horas y marcharse, dos segundos.
Y quien no ha roto nada, sino que solo quiere echar una mano — con la luz olvidada, la ventanilla abierta, la grúa que ya se acerca — se topa con el mismo muro: sencillamente no hay forma de dar contigo. Y el esfuerzo decide si la ayuda ocurre.
El esfuerzo gana a la buena voluntad.
La DriveID le da la vuelta: el camino honesto dura treinta segundos — escanear, escribir, resuelto.